HOJA PARROQUIAL SEMANAL

XIII Domingo del Tiempo Ordinario

Ciclo B / 27 de Junio 202l

Parroquia Virgen de los Dolores

Teléfono: 659 65 82 62

www.parroquiavirgendolores.es

DIOCESIS DE ASIDONIA

Jerez de la Frontera

  • Primera Lectura
  • Salmo Responsorial
  • Segunda Lectura
  • EVANGELIO

  •  

    PRIMERA LECTURA

    Lectura del libro de la Sabiduría (1,13-15;2,23-24):

    Dios no hizo la muerte ni goza destruyendo los vivientes. Todo lo creó para que subsistiera; las criaturas del mundo son saludables: no hay en ellas veneno de muerte, ni el abismo impera en la tierra. Porque la justicia es inmortal. Dios creó al hombre para la inmortalidad y lo hizo a imagen de su propio ser; pero la muerte entró en el mundo por la envidia del diablo; y los de su partido pasarán por ella.

    Palabra de Dios

    SALMO RESPONSORIAL

    Sal 29

    R.-Te ensalzaré, Señor, porque me has librado

    Te ensalzaré, Señor, porque me has librado
    y no has dejado que mis enemigos se rían de mí.
    Señor, sacaste mi vida del abismo,
    me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa. R/.

    Tañed para el Señor, fieles suyos,
    dad gracias a su nombre santo;
    su cólera dura un instante;
    su bondad, de por vida;
    al atardecer nos visita el llanto;
    por la mañana, el júbilo. R/.

    Escucha, Señor, y ten piedad de mí;
    Señor, socórreme.
    Cambiaste mi luto en danzas.

    Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre. R/.

    SEGUNDA LECTURA

    Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios (8,7.9.13-15):

    Ya que sobresalís en todo: en la fe, en la palabra, en el conocimiento, en el empeño y en el cariño que nos tenéis, distinguíos también ahora por vuestra generosidad. Porque ya sabéis lo generoso que fue nuestro Señor Jesucristo: siendo rico, se hizo pobre por vosotros para enriqueceros con su pobreza. Pues no se trata de aliviar a otros, pasando vosotros estrecheces; se trata de igualar. En el momento actual, vuestra abundancia remedia la falta que ellos tienen; y un día, la abundancia de ellos remediará vuestra falta; así habrá igualdad. Es lo que dice la Escritura: «Al que recogía mucho no le sobraba; y al que recogía poco no le faltaba.»

    Palabra de Dios

    E V A N G E L I O

    Lectura del santo Evangelio según san Marcos (5,21-43):

    En aquel tiempo Jesús atravesó de nuevo a la otra orilla, se le reunió mucha gente a su alrededor, y se quedó junto al lago.

    Se acercó un jefe de la sinagoga, que se llamaba Jairo, y al verlo se echó a sus pies, rogándole con insistencia: «Mi niña está en las últimas; ven, pon las manos sobre ella, para que se cure y viva.» Jesús se fue con él, acompañado de mucha gente que lo apretujaba. Había una mujer que padecía flujos de sangre desde hacía doce años. Muchos médicos la habían sometido a toda clase de tratamientos y se había gastado en eso toda, su fortuna; pero en vez de mejorar, se había puesto peor. Oyó hablar de Jesús y, acercándose por detrás, entre la gente, le tocó el manto, pensando que con sólo tocarle el vestido, curaría. Inmediatamente se secó la fuente de sus hemorragias y notó que su cuerpo estaba curado.

    Jesús, notando que, había salido fuerza de él, se volvió en seguida, en medio le la gente, preguntando: «¿Quién me ha tocado el manto?»

    Los discípulos le contestaron: «Ves como te apretuja la gente y preguntas: "¿quién me ha tocado?"»

    Él seguía mirando alrededor, para ver quién había sido. La mujer se acercó asustada y temblorosa, al comprender lo que había pasado, se le echó a los pies y le confesó todo.

    Él le dijo: «Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y con salud.»

    Todavía estaba hablando, cuando llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle: «Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro?»

    Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga: «No temas; basta que tengas fe.»

    No permitió que lo acompañara nadie, más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Llegaron a casa del jefe de la sinagoga y encontró el alboroto de los que lloraban y se lamentaban a gritos.

    Entró y les dijo: «¿Qué estrépito y qué lloros son éstos? La niña no está muerta, está dormida.»

    Se reían de él. Pero él los echó fuera a todos, y con el padre y la madre de la niña y sus acompañantes entró donde estaba la niña, la cogió de la mano y le dijo: «Talitha qumi (que significa: contigo hablo, niña, levántate).»

    La niña se puso en pie inmediatamente y echó a andar –tenía doce años–. Y se quedaron viendo visiones. Les insistió en que nadie se enterase; y les dijo que dieran de comer a la niña.

    Palabra del Señor


    ANGELUS

    V. El Ángel del Señor anunció a María,
    R. Y concibió por obra del Espíritu Santo.
    Avemaría.
    V. He aquí la esclava del Señor.
    R. Hágase en mi según tu palabra.
    Avemaría.
    V. Y el Verbo se hizo carne.
    R. Y habitó entre nosotros.
    Avemaría.
    V. Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios,
    R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.
    Oración
    Te suplicamos, Señor, que derrames tu gracia en nuestras almas para que los que, por el anuncio del Ángel, hemos conocido la encarnación de tu Hijo Jesucristo, por su Pasión y Cruz seamos llevados a la gloria de su Resurrección. Por el mismo Jesucristo Nuestro Señor.
    R. Amén.
     

    REGINA COELI

    V. Alégrate, Reina del cielo; aleluya.
    R. Porque el que mereciste llevar en tu seno; aleluya.
    V. Ha resucitado, según predijo; aleluya.
    R. Ruega por nosotros a Dios; aleluya.
    V. Gózate y alégrate, Virgen María; aleluya.
    R. Porque ha resucitado Dios verdaderamente; aleluya.

    Oración: Oh Dios que por la resurrección de tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo, te has dignado dar la alegría al mundo, concédenos que por su Madre, la Virgen María, alcancemos el gozo de la vida eterna. Por el mismo Jesucristo Nuestro Señor.

    R. Amén

    REGINA COELI -en latín

    Regina coeli, laetare, alleluia: Quia quem meruisti portare, alleluia. Resurrexit sicut dixit, alleluia. Ora pro nobis Deum, alleluia.

    V. Gaude et laetare, Virgo Maria, Alleluia, R. Quia surrexit Dominus vere, alleluia.

    Oremus: Deus qui per resurrectionem Filii tui, Domini nostri Iesu Christi, mundum laetificare dignatus es: praesta, quaesumus, ut per eius Genetricem Virginem Mariam, perpetuae capiamus gaudia vitae. Per eundem Christum Dominum nostrum.

    R. Amen